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Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en LinkedINEl esmorzaret es una tradición gastronómica que define a València y a sus gentes: una aldea orgullosa de sus localismos culinarios frente a la tiranía del brunch. Aquí se desayuna sin pasión esperando la hora del almuerzo, entre las 9:00 y las 12:00, con una veneración litúrgica. Valencianas y valencianos son cofrades de este sentir, deudor del origen agrícola de una ciudad que se detiene para honrar su cultura más auténtica.
El esmorzaret no es solo comer algo entre el desayuno y la comida. Es una pausa con normas propias, con bares que lo trabajan como una religión de barra, con bocadillos que pueden ir de lo más clásico a lo más salvaje y con una parte social que importa casi tanto como lo que hay dentro del pan. Se va a almorzar para reponer fuerzas, sí, pero también para hablar, comentar la mañana, quedar con amigos, hacer piña con los compañeros o pegarse un homenaje sin esperar al fin de semana.
La palabra viene de esmorzar, que en valenciano significa almorzar. Con el diminutivo, esmorzaret, parece que hablamos de un bocado pequeño, pero en la práctica suele ser todo lo contrario. Es una comida de media mañana, aunque cada bar y cada cuadrilla tiene sus horarios.
Lo normal es que el almuerzo tenga varias partes. No se reduce al bocadillo, aunque el bocadillo sea el rey. La gracia está en el conjunto: algo para picar, una bebida, el pan bien cargado y el café final. En muchos bares se ofrece como menú cerrado o casi cerrado, con el gasto, el bocadillo, la bebida y el café incluidos.
El gasto es esa picaeta que abre la mesa: cacaos, aceitunas, encurtidos, altramuces o lo que tenga el bar. No es un adorno. Es parte del ritual. Mientras llega el bocadillo, se pica, se charla y se empieza a entrar en faena.
Nació ligado a la jornada de quienes empezaban a trabajar muy pronto, especialmente en el campo y en la huerta. Después de varias horas de faena, tenía todo el sentido parar a media mañana para comer algo contundente. No era postureo ni capricho: era energía, descanso y compañía.
Con el tiempo, esa pausa saltó de la huerta a los talleres, los mercados, los polígonos, las oficinas y los bares de barrio. Cambió el paisaje, pero no la idea de fondo. El esmorzaret sigue siendo una forma muy valenciana de entender la mañana: se trabaja, se para, se come bien y se vuelve al lío.
También hay un detalle importante. A veces se mezcla esta costumbre con la pausa laboral legal, pero no son exactamente lo mismo. La ley regula descansos dentro de la jornada cuando se cumplen determinadas condiciones; el esmorzaret valenciano es otra cosa: una tradición gastronómica y social que se ha hecho fuerte porque encaja con la vida diaria de mucha gente.
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