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Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en LinkedINEl café helado tiene un origen accidental. Se remonta al siglo XIX en Argelia, durante la batalla de Mazagran (1840). Ante la falta de agua caliente, los soldados franceses mezclaron café con agua fría y lo llamaron mazagran. Esta refrescante bebida evolucionó hacia el café helado moderno en cafeterías parisinas.
Con la llegada del calor, una de las pocas ideas que menos apetecen es la de tomar un café humeante. El simple pensamiento de una taza caliente puede hacernos sudar antes de haberla probado. En su lugar, los cafés fríos, los iced latte y otros preparados helados se convierten en una alternativa refrescante para desayunos, sobremesas o incluso como opción de merienda. La tentación de algo fresco, con sabor y energía, gana protagonismo en nuestros hábitos de consumo veraniegos.
Hacer café frío, una apuesta segura para disfrutar de infinidad de sabores
¿En los cafés fríos, el sabor intenso y el amargor del café queda más diluido y suave. Por tanto, es mucho más fácil de combinar con otros sabores. Las suaves notas y refrescante mezcla del café frío lo convierten en una bebida ideal para tomar con infinidad de alimentos que, quizá con el café caliente, cuestan más de casar. Con los cafés fríos, ¡las posibilidades de maridaje se multiplican!
El patrón nutricional de los iced latte y los cafés fríos
En su forma más básica, el café frío no supone un aporte calórico significativo. Ya sea un café con hielo, un cold brew o incluso un iced coffee latte sin añadidos, el contenido energético es bajo. El café en sí apenas contiene calorías, y cuando se le añade solo agua o hielo, el valor calórico se mantiene prácticamente nulo. Incluso si se incorpora una pequeña cantidad de leche o bebida vegetal, el impacto nutricional sigue siendo limitado.
Cómo pueden subir las calorías los cafés fríos
El principal riesgo nutricional aparece cuando decidimos tunear nuestro café frío con otros ingredientes. El helado, la nata, las cremas de leche o los siropes son extras frecuentes que pueden multiplicar por tres o cuatro las calorías de la bebida original. Un iced latte que inicialmente tenía menos de 100 kcal puede convertirse fácilmente en una bebida de más de 300 kcal, algo que equivale a un postre completo o incluso a una pequeña comida.
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